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15/12/2020 :: Nacionales Galiza

De los bosques a las pasarelas: Inditex y depredación forestal en Galiza

x Ecoloxistas en Acción
Su papel será más bien el de regalar el monte y los fondos europeos a Inditex, poniendo una vez más lo público al servicio de las multinacionales.

 Podrán tildarnos a las ecologistas de tener prejuicios pero cualquier anuncio conjunto de Inditex y la Xunta nos causa pánico. Cuando al mastodonte textil se le une un gobierno gallego empeñado en hacer del futuro la escombrera del presente, ni la candidez volteriana esperaría algo bueno del asunto.

Aun así en un alarde de objetividad vamos a evitar colmatar de consignas estas líneas y desmenuzar qué es la viscosa y qué consecuencias tanto económicas como ambientales tendrá el plan anunciado de «Llevar la madera de los bosques gallegos en nuestras chaquetas» por el que la Xunta pretende captar fondos del programa europeo Next Generation para extraer celulosa y la posterior elaboración de la tela vegetal denominada viscosa o rayón. Y no menos importante, saber si hay algo de esa cosa pegajosa en mis vaqueros de toda la vida.

La viscosa está presente en las prendas veraniegas, ligeras y transpirables, pero también en los pañales, gasas para curas o incluso en las mascarillas que los tiempos covid nos obligan a usar a diario.

La producción de viscosa puede darle un impulso a la explotación maderera del rural gallego tan depauperado por el hundimiento del precio del eucalipto para pasta de papel. La demanda de celulosa para esta producción potenciaría las labores de silvicultura tanto de montes comunales como personales que podría ser piedra angular para un cambio en la política forestal gallega. Los números de la portada del proyecto dejan clara su potencialidad: una inversión inicial de 950 millones para conseguir una producción de 250 mil toneladas de viscosa, lo que equivale a una demanda de 1,5 millones de metros cúbicos de madera.

Antes de continuar, vamos a contextualizar primero estas cifras. En Galicia, el aprovechamiento maderero alcanza los 10 millones de metros cúbicos. La explotación es minifundista, uno de cada seis gallegos posee una tira de monte. Actualmente para los propietarios forestales tanto particulares como comunidades de montes supone unos ingresos de unos 278 millones de euros. Unos ingresos que repercuten principalmente en el medio rural y contribuyen a generar actividad y rentas tanto a 450.000 propietarios particulares y a 150.000 comuneros, así como a los miles de trabajadores del sector.

Pero no todo está tan repartido en el sector forestal gallego, hay dos grandes acaparadores de cifras, bendecidos por la actual política forestal de la Xunta. El eucalipto, la plaga de nuestros montes, suma el 60% de la tala anual de madera. El segundo protagonista, y no menos denostado por el ecologismo gallego, es ENCE. La papelera moviliza casi un tercio de la explotación total.

Los propietarios de las explotaciones no tendrán nada en contra de un nuevo y fuerte pujador por su madera, pero qué sucede con los dos grandes protagonistas, cómo les afectará la intrusión de la viscosa en su reino.

El eucalipto sale indemne, ya que está especie es idónea para la obtención de la materia prima necesaria para la elaboración de la viscosa. Esto podría cambiar para esta alóctona pirófila con una nueva política forestal que potenciara la replantación con especies idóneas a la producción de la pasta pero menos propagadoras del fuego y si no autóctonas, por lo menos no colonizadoras como los pinos, abetos, abedules, álamos o cierto tipo de acacias.

La entrada de Inditex en el sector forestal no puede dejar impasible a ENCE, acostumbrada a dictar el precio de la madera para pasta puede verse forzada a pujar por cada tala si hay hostilidades entre ambos gigantes industriales. La existencia de materias primas más que suficientes para satisfacer la demanda marcará seguro un escenario de colaboración para forzar un bajo precio de la madera. Ante este dumping persistente, poco amparo encontrarán en el gobierno gallego los cientos de miles de modestos silvicultores que tendrán que enfrentarse a estos dos gigantes. La asimetría impondrá su ley.

Si bien las consecuencia ecosociales negativas del proyecto en el sector primario podrían solventarse con la acción decidida del regulador, difícilmente puede esperarse esta participación activa del actual Gobierno de la Xunta que lleva un decenio pertrechado en el laissez faire. Es más, su papel será más bien el de regalar el monte y los fondos europeos a Inditex, poniendo una vez más lo público al servicio de las multinacionales.

Abordemos ahora el propio proceso de elaboración de la viscosa. Si bien este, concentrado en las plantas de procesamiento, no tendrá unas consecuencias tan extendidas por la geografía gallega como el extractivismo maderero, por contra parece que sus consecuencias ambientales no serán menos graves, ya que el proceso de producción de la viscosa depende en gran medida de productos químicos tóxicos como el disulfuro de carbono, el hidróxido de sodio y el ácido sulfúrico, utilizados para romper la celulosa y transformarla en fibra de viscosa..

Por supuesto hay soluciones técnicas para la elaboración que no acarreen residuos contaminantes, pero estas medidas anti contaminantes tienen un coste que el fabricante no descuenta de su cuenta de resultados si no es obligado por el regulador. Otra vez tropezamos en la misma piedra, un regulador ausente y permisivo con las agresiones al medio ambiente.

Tantas veces nos encontramos las ecologistas con el mismo «modus operandi» industrial que podemos recitar de memoria: «el vertido de estas substancias químicas en los riachuelos aledaños sin un tratamiento previo adecuado afectará al delicado equilibrio natural de los ecosistemas, lo que provoca la muerte de peces y otros organismos acuáticos, más las afecciones a través de la cadena trófica. La exposición tanto de los trabajadores de las mismas fábricas como de los habitantes locales a los productos químicos, puede conducir a graves problemas de salud, tales como síntomas neurológicos y psiquiátricos, ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares.»

El primer paso para impedir que la ciudadanía sea engañada y exija al regulador amparo es desmontar las campañas de greenwashing tanto de estas compañías como de los gobiernos que las auspician. Cinco años después de la aprobación de los acuerdos de París necesitamos menos publirreportajes edulcorados de verde en la prensa y más medidas reales contra la contaminación industrial. Se agota el tiempo mientras esperamos medidas gubernamentales ambiciosas para atajar el deterioro ambiental y climático. La única medida coercitiva contra estos gigantes industriales es articular una mayoría social capaz de desafiar su poder y apostar por una transición justa hacia un modelo económico que respete la vida en el planeta. Pero no confundamos consignas con pronósticos, distamos mucho de ese empoderamiento ciudadano, aún queda una gran tarea de polinización para conseguir esa mayoría de cambio.

El tic tac ecológico resonando en nuestra cabeza y la historia royéndonos en la nuca nos dan aliento para enfrentarnos a estos gigantes sin que nos amedrenten. Son más bien algunos molinos lo que comienza a horrorizarnos.

¿Por qué no aprovechar la oportunidad que nos brindan los fondos europeos para explorar nuevos modos de subsistencia sostenibles que creen un verdadero tejido productivo que alimente el país, en vez de seguir expoliando los recursos naturales y el paisaje gallego?

Llegados a este punto, con el colapso de los ecosistemas llamando a la puerta y con el cambio climático ya muy presente en nuestra tierra, no parece prudente ahondar en un modelo de consumo de «usar y tirar» y en un modelo forestal basado en especies pirofíticas, que ya dio muestras de su peligrosidad en tiempos recientes. Son tiempos de reflexión, pero también de supervivencia. Esa supervivencia, dada la emergencia climática en la que ya estamos inmersos, nos obligan a replantear muchas cosas, también nuestra economía.

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