2.000 personas salen a las calles de Compostela contra el fuego.

La concentración comenzó en la Praza de Cervantes en el casco antiguo, y vista la gran afluencia de gente, decidimos ir en manifestación hasta la Praza da Quintana, donde nos concentramos durante media hora.
Seguidamente fuimos en manifestación hasta la Praza Roxa pasando por la Praza de Vigo. Finalmente la manifestación acabó en la céntrica plaza compostelana.
Durante el transcurso de la manifestación se entonaron proclamas contra los terroristas que nos dejan sin montes. Contra los intereses del capital (constructoras, madereras...) que no dudan en hacer de Galiza un desierto para ellos amontonar cantidades ingentes de dinero. Contra el anterior gobierno "popular" y por supuesto contra el nuevo gobierno "de progreso" y "bipolar", en cuanto que son responsables solidariamente de la falta de prevención, de la falta de recursos a la hora de hacer frente a la catástrofe, de la política forestal de Galiza articulada en torno a los intereses de las madereras, del abandono del monte y del rural...
Patética y distorsionadora, aprovechada y pedigüeña, la presencia del BNG y de sus adláteres (CIG, Galiza Nova, ADEGA), que lejos de asumir sus responsabilidades, intentar convertirse en víctima, intentan hacer del puro ejercicio de la rabia popular una ocasión para ser alabado el gobierno, para subir puntos en los sondeos, para hacer del pueblo un elemento de fuerza en su lucha de poder con el PP.
Igual de patético el intento de los "populares" de convocar su manifestación contra ZP, consiguiendo convocar 5 personas. Es claro que el pueblo, que sabe lo que quiere más de lo que les gustaría a los políticos, no hizo caso a ninguno de los dos.
El ciclo fatal.
Ayer se cerro otro ciclo dentro de la vida orgánica de la política de nuestro país. Ante la trágica eventualidad (?) -ya vieja y conocida- de los incendios forestales de los montes en Galiza, el gobierno calla. Ahora son ellos quienes deben ejercer la violencia que se asocia a la forma institucional del Estado. Y la ejercen. Violencia del cinismo, claro. Del silencio neutralizador, de la delegación ingenua de responsabilidades (ellos, los otros son siempre los responsables), de la prescripción informativa (anomia de los autores, desconocimiento de las causas, investigaciones cerradas), de la injusta omisión de gestos, de acciones que apunten algo más que demagogia. Otro ciclo cerrado. En el poder, todos los gatos parecen pardos. Sobran los reservistas de la moral "nacional": ellos también son culpables.
La concentración de ayer en Compostela reflejó bien hasta donde llegó este «gobierno de progreso» ante un problema que lejos de pertenecer a azarosas contingencias del contexto, nos descubre las deficiencias estructurales de la organización territorial en Galiza, y sobre todo, el vergonzoso abandono de los políticos (éstos y los de antes) que sufre el rural gallego. Escasa política forestal, ausencia de un plan de Desarrollo Rural (pronto veremos la versión del nuevo gobierno) y una apurada terciarización económica que excluye a las comunidades periféricas. Hablamos de un problema socio-económico, no de una deriva política que muestra de forma transparente la incompetencia endémica de los políticos "profesionales" de nuestro país. Hablamos de carencias estratégicas, no de abstracciones inmanentisas (terrorismo? Guerra?) Hablemos, entonces de cierto, ya que nuestros políticos y sus cómplices prefieren renunciar a hacerlo, por lo menos contando con un poco de verdad.
Galiza cuenta con la mayor dotación económica del estado español en su programa de lucha y extinción de incendios forestales. Cerca de 27 euros anuales le cuesta al contribuyente esta dudosa honra: ser la comunidad autónoma que destina la mayor partida presupuestaria para este servicio público. Sin embargo, la carencia de camiones moto-bomba (el elemento decisivo en la defensa de los núcleos de población), la deficiente organización de recursos (inexistencia de estrategias de campo para coordinar recursos humanos y materiales, oficiales o no) y la invisible estructura técnica en INFOGA (centros de coordinación alejados de las zonas potencialmente peligrosas, falta de técnicos y de asesoramiento eficaz) deja ver desde hace una semana la evidencia del fracaso. Hace un año, con unas condiciones meteorológicas más favorables, se abonaron a la autocomplacencia. El escenario era el mismo, las consecuencias no: fracaso, fracaso. Pequeña sonó antes de ayer la autocrítica de Quintana en la SER asumiendo dicho fracaso. Y ni éste ni otro es ya motivo para defender este gobierno, pues juegan, desde el oportunismo, desde el electoralismo, desde la torpe convencionalidad de la opinión pública; a confinar y limitar la responsabilidad fuera de su territorio de partido. Todos empujan para restringir el problema al escenario puramente político: EL PSOE, el BNG y el PP. Todos. Los primeros desde su clamorosa indiferencia, los segundos desde un vergonzoso cinismo (cualquiera que se acerque a los comentarios del secretario general de la vicepresidencia de la Xunta, Antón Losada, puede comprobarlo) y los últimos desde un sedicionismo inédito, amontonados en torno a un Rajoy que llama con sus alcaldes a una rebeldía más resentida que legítima.
Todos los políticos claman por el futuro, hoy. Mañana, progreso, archivo. Ya tomarán decisiones cuando sólo se pueda decidir sobre el destino de las cenizas. Pero contemporizando el problema fuera del político, la población civil parece más preocupada en dar respuesta a las urgencias del presente, al fuego que se acerca a sus casas, hecho tan peligroso y actual como las promesas (económicas, como siempre) que trajo ayer Zapatero a Compostela, en una breve interrupción de sus vacaciones. Como cuando el Prestige, la parroquia, los paisanos, los voluntarios (casi 2900, ya) le salvan la honra a nuestros políticos y hagan visible hasta donde llega su implicación con los problemas del país. Como siempre, la voluntad inagotable de la ciudadanía sacará a los políticos de este barullo de incompetencias y irresponsabilidades. Sin más artificio que un poco de dignidad, un cierto amor por la tierra y una responsabilidad productiva con el medio muy lejos de esta tradicional "economía del humo" que se legitima en intereses tan diversos como conocidos (madereras, constructoras, etc) y se reactualiza cada verano en los montes de Galiza.
Humean aún las cenizas. Humearán más mientras el bipartito decide una nueva imagen de constricción. Decía Weber, hablando de dignidad, que la culpa política pasa siempre por alto la inevitable falsificación de todo problema por la consecución de altos intereses. Intereses del vencedor, intereses del político: electoralismo. Ayer se cerró, en la concentración en Compostela, otro ciclo político, mientras estalla el fuego a las puertas de nuestras casas. Nada que añadir a otros relatos estivales, nada que añadir a otras crónicas políticas, salvo que el irónico retorno de la Historia nos devuelve, con el fuego, problemas que se abaten, que rugen y hunden a nuestra tierra, lejos de los bosques, sobre las rojas alfombras de los parlamentos. La ceguera feroz de nuestros políticos nos empuja a renunciar a lo cotidiano como realidad, para convertirlo en opinión, gesto, ficción. Lo fatal volverá a ser mitológico, volverá a ser destino para los gallegos y gallegas, víctimas profesionalizadas de la incompetencia de nuestros políticos (conscientes o no de su papel). Ambos, las víctimas y los políticos, apoyados en silencio por los silenciosos, por los cínicos o por los partidarios directos compartiremos el mismo desierto
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