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23/08/2013 :: Nacionales Galiza

[Gal/Cast] Rosalia Mera e o papel da burguesia galega

x Mauricio Castro
La reciente muerte de Rosalia Mera trae a la actualidad la polémica histórica de la existencia o no de una clase burguesa galega

Galego

A morte, em datas recentes, de umha representante da alta burguesia galega serviu para trazer à atualidade galega vários assuntos relacionados com a sociedade de classes em que vivemos e o caráter, também inequivocamente de classe, dos diferentes poderes que a sustentam.

O fundamental, por ser fruto de certa polémica histórica em ambientes da nossa esquerda nacional, é o relativo à existência –ou nom– de umha classe burguesa galega.

Certa escola teórica nacionalista formulou e defendeu, décadas atrás, a inexistência de umha classe dirigente autóctone, numha emulaçom do modelo colonial clássico em que o conjunto do nosso povo estaria igualmente submetido a umha dependência de tipo colonial, tirando daí a conclusom de umha fórmula interclassista como melhor soluçom para conseguir a emancipaçom através de um autolimitado "pacto federal".

Parece difícil convencer hoje qualquer trabalhador ou trabalhadora de Inditex, Gadisa, Cortizo ou Finsa, de que nom existe burguesia galega, quando padecem de maneira direta o roubo da sua força de trabalho polas empresas galegas proprietárias desses grupos, nalguns casos já verdadeiras multinacionais, cujos centros de operaçons e diretivos som inequivocamente galegos.

A encenaçom que se seguiu nestes dias à morte da cofundadora do Grupo Inditex, com sede central em Arteijo, pode servir de exemplo da efetiva existência de umha classe dirigente galega, comparável, isso sim, às restantes forças fácticas sustentadoras do status quo capitalista e pró-espanhol na Galiza. O coro oficial de carpideiras reunido em torno do funeral de Rosalia Mera reuniu em Oleiros a nata da institucionalidade burguesa galega, desde o direitista presidente da Junta Alberto Núñez Feijó até o "esquerdista" presidente da cámara de Oleiros, Ángel Garcia Seoane, passando por dirigentes sindicais, empresários e outros representantes do que os meios do sistema denominárom "sociedade civil" galega.

Todos eles coincidírom, claro, em destacar as boas obras da benfeitora burguesa, que alternava a sua condiçom de "mulher mais rica de Espanha" com a presidência da Fundaçom Paideia de ajuda às pessoas discapacitadas.

O lutuoso espetáculo contou com a narrativa mediática oficial (TVG, La Voz de Galicia, El Correo Gallego, Faro de Vigo...), que alimentou a unanimidade e contribuiu assim para manter, em torno de certos temas "de interesse geral", umha estabilidade baseada no que o marxismo define como falsa consciência necessária.

É um facto a total falta de compromisso da burguesia galega –a alta, a média e setores da pequena– com o seu país, que é o nosso. Em lugar disso, ela tem historicamente demonstrado, com poucas exceçons, sentir-se cómoda na gestom do pedaço de bolo territorial e autonómico que Espanha lhe cede, sem nem sequer assumir minimamente a defesa da língua e da identidade galegas. A sua fraca e serôdia irrupçom histórica como classe na Galiza do século XIX, inspirada de fora e instalada desde o início na dependência de poderosas burguesias foráneas, impediu que jogasse o papel que outras burguesias sim jogárom, com diferentes níveis de compromisso e diversa fortuna, noutras naçons sem Estado do continente europeu na mesma altura.

Há ainda entre nós quem, em linha com a escola orgánico-historicista espanhola, interprete o facto nacional de maneira estática e inamovível. Som cada vez menos, mas ainda continuam a esperar o dia em que a "naçom em si" se converta em "naçom para si" e desse modo podamos ressarcir-nos de tantos séculos de submetimento nacional.

Porém, outros pensamos que as naçons som antes de mais vontade de ser social e explicitamente afirmada, dialogando as evidências materiais com essa imprescindível vontade da sua classe dirigente, que consegue construir umha nova unanimidade em torno da emancipaçom nacional. Nessa perspetiva, o tempo que ainda resta para que a Galiza assuma a sua afirmaçom nacional é limitado, num percurso temporal em que a assimilaçom definitiva por parte do expansionista projeto nacional espanhol é umha ameaça permanente e cada vez mais palpável.

De nada serve apelarmos a modelos idealistas de dominaçom que há tempo deixárom de funcionar na Galiza, incorporada hoje, ainda que de maneira precária e dependente, ao mercado global capitalista, através de umha burguesia dependente, intermediária, renegada e vendida. Deverá ser a sua maioria social, o seu povo trabalhador, que assuma o protagonismo a que Amancio Ortega, Jacinto Rei e Rosalia Mera há muito tempo renunciárom. Só assim teremos ainda umha possibilidade de quebrar a lógica da dependência, abrindo o futuro da construçom nacional pola via da instauraçom da República da Galiza, independente e socialista.

Castellano

La muerte recientemente, de una representante de la alta burguesía galega sirvió para traer a la actualidad galega varios asuntos relacionados con la sociedad de clases en que vivimos y el carácter, también inequívocamente de clase, de los diferentes poderes que la sustentan.

Lo fundamental, por ser fruto de cierta polémica histórica en ambientes de nuestra izquierda nacional, es lo relativo a la existencia -o no- de una clase burguesa galega.

Cierta escuela teórica nacionalista formuló y defendió, décadas atrás, la inexistencia de una clase dirigente autóctona, en una emulación del modelo colonial clásico en que el conjunto de nuestro pueblo estaría igualmente sometido a una dependencia de tipo colonial, extrayendo de ahí la conclusión de una fórmula interclasista como mejor solución para conseguir la emancipación a través de un auto-limitado "pacto federal".

Parece difícil convencer hoy a cualquier trabajador o trabajadora de Inditex, Gadisa, Cortizo o Finsa, de que no existe burguesía galega, cuando padecen de manera directa el robo de su fuerza de trabajo por empresas galegas propietarias de esos grupos, en algunos casos ya verdaderas multinacionales, cuyos centros de operaciones y directivos son inequívocamente galegos.

La escenificación que se siguió estos días a la muerte de la cofundadora del Grupo Inditex, con sede central en Arteijo, puede servir de ejemplo de la efectiva existencia de una clase dirigente galega, comparable, eso si, a las restantes fuerzas fácticas sustentadoras del status quo capitalista y pro-español en Galiza. El coro oficial de plañideras reunido en torno al funeral de Rosalía Mera reunió en Oleiros a la flor y nata de la institucionalidad burguesa galega, desde el derechista presidente de la Junta Alberto Núñez Feijó hasta el "izquierdista" presidente de la cámara de Oleiros Ángel García Seoane, pasando por dirigentes sindicales, empresarios y otros representantes de lo que los medios del sistema denominaron "sociedad civil" galega.

Todos ellos coincidieron, claro, en destacar las buenas obras de bien-hechora burguesa, que alternaba su condición de "mujer más rica de España" con la presidencia de la Fundación Paideia de ayuda a las personas discapacitadas.
El luctuoso espectáculo contó con la narrativa mediática oficial (TVG, La Voz de Galicia, El Correo Gallego, Faro de Vigo...), que alimentó la unanimidad y contribuyó así a mantener, alrededor de ciertos temas "de interés general", una estabilidad basada en lo que el marxismo define como falsa conciencia necesaria.
Es un hecho la falta total de compromiso de la burguesía galega -la alta, la media y sectores de la pequeña- con su país, que es el nuestro.

En su lugar, ésta ha demostrado históricamente, con pocas excepciones, sentirse cómoda en la gestión de un trozo de pastel territorial y autonómico que España le cede, sin tan siquiera asumir mínimamente la defensa de la lengua y de la identidad galegas. Su débil y tardía irrupción histórica como clase en la Galiza del siglo XIX, inspirada de fuera e instalada desde el inicio en la dependencia de poderosas burguesías foráneas, impidó que jugase el papel que otras burguesías si jugaron, con diferentes niveles de compromiso y diversa fortuna, en otras naciones sin Estado del continente europeo en la misma época.

Existe aún entre nosotras y nosotros quien, en línea con la escuela orgánico-historicista española, interprete el hecho nacional de manera estática e inamovible. Son cada vez menos, pero aún continúan esperando el día en que la "nación en si" se convierta en "nación para si" y de ese modo podamos resarcirnos de tantos siglos de sometimiento nacional.

Sin embargo, otros pensamos que las naciones son principalmente voluntad de ser social y explícitamente afirmadas, dialogando las evidencias materiales con esa imprescindible voluntad de su clase dirigente, que consigue construir una nueva unanimidad alrededor de la emancipación nacional. Desde esa perspectiva el tiempo que aún queda para que Galiza asuma su afirmación nacional es limitado, en un proceso temporal en que la asimilación definitiva por parte del expansionista proyecto nacional español es una amenaza permanente y cada vez más palpable.

De nada sirve hacer un llamamiento a modelos idealistas de dominación que hace tiempo dejaron de funcionar en Galiza, incorporada hoy, aunque de manera precaria y dependiente, al mercado global capitalista, a través de una burguesía dependiente, intermediaria, renegada y vendida. Deberá ser su mayoría social, su pueblo trabajador, que asuma el protagonismo al que Amancio Ortega, Jacinto Rei y Rosalía Mera hace mucho tiempo renunciaron. Sólo así tendremos aún una posibilidad de quebrar la lógica de la dependencia, abriendo el futuro de la construcción nacional por la vía de la instauración de la República de Galiza, independiente y socialista.

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