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Nacionales Galiza, Estado español :: 02/12/2011

Perspectivas de la lucha popular después del 20 de noviembre

Carlos Morais
Galiza, para sobrevivir y poder construir una sociedad basada en los nuevos valores del Socialismo, tiene que abandonar España

Contrariamente a las versiones catastrofistas y lecturas extremadamente alarmistas, la victoria del PP en las elecciones del 20 de noviembre no abre un escenario cualitativamente diferente al último tramo de la segunda legislatura de Zapatero.

La mayoría absoluta de Mariano Rajoy, ni se puede interpretar como una nueva plaga bíblica, ni va a provocar cambios sustanciales relativamente a las líneas maestras de la receta electoral neoliberal que el PSOE viene aplicando siguiendo las directrices del eje franco-alemán.

Su política socio-económica contraria a los intereses de las inmensas mayorías sociales, además de la hipercentralización administrativa y política que va a aplicar –encuadrada en la crisis sistémica del capitalismo senil a escala global- va a provocar enormes resistencias obreras, populares y nacionales, inclusive episodios de explosiones sociales, que pueden y básicamente deben abrir nuevas y sugestivas perspectivas a las organizaciones revolucionarias si somos capaces de movilizarnos y gestionar con habilidad y visión estratégica.

Lectura electoral

Una lectura serena de los resultados constata que se cumplió, grosso modo, el guion de los pronósticos y tendencias sociales en curso.

La síntesis del nuevo mapa institucional a escala estatal a partir de los resultados del 20-N constata un leve incremento del PP( 552 mil votos, 4.68% más), la debacle del PSOE( pierde 4.315.000 votos, 15%), de los que una parte permiten explicar el incremento de IU y de UpyD(710.000, y 834.000 votos respectivamente), así como de otras fuerzas que, o bien como como Compromís logran representación, o bien como Equo quedan fuera de las Cortes.

Tanto PNV como CIU incrementan votos, con destaque para la coalición de derecha catalana que aumenta en 234.000 los apoyos.

También es preciso destacar el resultado de Amaiur, consiguiendo que la nueva coalición patriótica vasca sea la segunda fuerza electoral de Euskal Herria detrás del PP/UPN.

Otro de los vectores a destacar es el incremento en 2% de la abstención, así como de los votos nulos y blancos que en conjunto representan 30,97% del censo, más de 10 millones de personas.

En Galiza, las tendencias son similares. PP incrementa 45.000 votos; PSOE pierde casi 300.000; BNG no es capaz de contener la hemorragia electoral. Pierde 30.000 votos, de los cuales una parte van para IU, que consigue 41.000, más que en 2008 en el que es su segundo mejor resultado histórico en la Comunidad Autónoma. En 1996, en alianza con el camilismo, había conseguido 74.000 votos, 4.71% frente a los 4.12% actuales.

Sin embargo la nueva extrema-derecha representada por el partido de Rosa Díaz, a pesar de que duplica votos respecto a 2008, pierde casi 4.000 en relación a las autonómicas.

El factor diferencial galego en esta ocasión, siguiendo una tendencia que parece estar plenamente consolidada, es el estancamiento de la abstención. En la Comunidad Autónoma, no participamos en el proceso electoral 28.23% del total de votantes, similar al conjunto del Estado, pero contrariamente a la tendencia general estatal, aquí ha bajado un 1.29%. Sin embargo, tanto el voto nulo, como en blanco, es porcentualmente ligeramente superior al del Estado, experimentando un incremento sustancial. Pero 700.000 galegas y galegos optamos por, o bien no participar en el proceso, o bien por expresar un voto de protesta.

El Gobierno de Rajoy atado por Alemania

El margen de maniobra del nuevo gobierno va a ser muy reducida. El Estado español, en la práctica, fue interviniendo y las recetas que va a a aplicar no van a ser más que la continuación de las que implementó Zapatero siguiendo las órdenes de la troika. Las facilidades en el “traspaso de poderes” por parte del PSOE responden a la crítica situación económica española.

La profunda crisis política de la Unión Europea, que está golpeando los pueblos periféricos y la inmediata recesión económica pronosticada reducen las posibilidades de una legislatura marcada por la estabilidad social. Al contrario. El PP sabe perfectamente que van a ser años duros y que va a tener que confrontar con la calle como ámbito determinante de la lucha política y social.

El PP ya está sembrando el terreno para justificar más cortes sociales en base a la grave situación en la cual Zapatero habría dejado España: con enormes deudas, facturas no computadas y déficits ocultos.

El silencio de Rajoy no sólo expresa su particular estilo. Está preparando el plan de estabilización que el gran capital internacional y autóctono reclama: un paquete de medidas tendentes a reducir derechos básicos profundizando en la privatización de educación y sanidad, en la supresión de servicios sociales, incremento del IVA, reducción de salarios, abaratamiento del despido. Las negociaciones con la gran banca y con la CEOE dan pistas más claras de lo que va a anunciar en los próximos días. Sin embargo, no va a haber ninguna sorpresa. Son medidas previsibles que aunque no haya dado a conocer durante la campaña, forman parte del programa consustancial de la derecha.

En Cataluña, Artur Mas, ya se adelantó en el anuncio de más retrocesos y cortes sociales para así poder moderar unas medidas antipopulares que quedarán eclipsadas por la mayor dureza que adoptarán las decididas en Madrid.

A este paquete neoliberal hay que añadir una nueva ofensiva en la recentralización del Estado español. Bajo justificación de austeridad, el PP, con el beneplácito del PSOE, va a intentar reducir las competencias de las Comunidades Autónomas. La simplificación y la supresión de duplicidades de la administración busca avanzar en el reforzamiento del unitarismo español.

La mayoría absoluta del PP permitirá desarrollar con la mayor facilidad la estrategia españolista que lleva años elaborando el think thank aznarista FAES.

PSOE retrasará su recuperación

La derrota electoral sin paliativos de Rubalcaba retrasará su reconfiguración como alternativa en la alternancia impuesta por el bipartidismo español.

El PSOE se va a ver sometido a un largo período de crisis interna y pérdida de credibilidad entre aquellos sectores tradicionales del electorado progresista, que en esta ocasión alteraron la tradicional tendencia del mal denominado voto (in)útil.

Por un lado tendrá que resolver el liderazgo y por otro las convulsiones a que se verá sometido en los diversos feudos tradicionales, como en Andalucía, en donde las inmediatas elecciones autonómicas auguran un descalabro similar.

IU: Carencia de proyecto alternativo

La social-democracia española está eufórica sin razones suficientes. Su coyuntural avance electoral no se corresponde con un incremento de la organización popular, ni una mayor capacidad de los movimientos sociales. Tampoco consiguió los resultados de la etapa de Anguita. Canalizó una parte del voto de descontento con el PSOE y arañó también en el movimiento indignado.

Su programa claramente keynesiano es simplemente más de lo mismo. No pretende construir una alternativa anticapitalista, más allá de la retórica oportunista y sin dar una alternativa a la crisis sistémica en el cuadro de la economía de mercado. Es una fuerza claramente de orden, incapaz de superar su ADN reformista y conciliador. No tiene ni va a tener capacidad para poder liderar las luchas que se divisan en el horizonte.

La encrucijada del BNG

Una década larga de pérdida continuada de apoyos electorales exige al BNG resolver de una vez el camino a seguir. Con menos de la mitad de los votos que consiguió en 1997, es la única fuerza de la izquierda institucional que no capitalizó la debacle del PSOE.

Las declaraciones triunfalistas de Guilherme Vázquez del “día feliz”, en la hora de evaluar los resultados, tan sólo han contribuido a reabrir la caja de pandora que lo condena a estar sometido a una permanente turbulencia. Sin embargo, ni el beirismo, ni el new quintanismo reciclado de Aymerich, ni la UPG van a superar la crisis política, ni va a sentar las bases de una etapa de estabilidad interna, e inyección de motivación entre los sectores que paulatinamente se fueron apartando, lo que permitiría recuperar apoyo social e electoral.

El BNG está condenado a una refundación similar a la realizada en el frontón de Riazor en 1982, si no quiere seguir inexorablemente el camino de la pérdida de peso político y social al cual se dirige.

No tendría grande trascendencia para los comunistas su futuro, si el espacio social que va perdiendo fuese ocupado por la izquierda independentista y socialista galega. Sin embargo, los últimos diez años constataron que ni el MLNG ni otras corrientes del independentismo consiguieron vertebrar el descontento de su tradicional espacio sociopolítico.

La gravedad de la situación es que a esta variable hay que añadir el incremento de IU, que se nutre del desplazamiento de sectores tradicionales de la base social organizada del nacionalismo de izquierda. No sólo en el ámbito electoral y constatable. Pero preocupante es que núcleos militantes con responsabilidades en la dirección de movimientos sociales abandonen uno de los principios irrenunciables de la auto-organización abrazando proyectos estatales y, por lo tanto, dejándose seducir por el españolismo.

La izquierda independentista

Una buena parte de las organizaciones situadas en el fragmentado campo del independentismo de izquierda hemos apelado abiertamente a la abstención sin haber conseguido un incremento perceptible y, de hecho, esta opción retrocedió en el País.

En las próximas décadas vamos a participar en dos grandes batallas estratégicas. Del resultado de este desigual combate dependerán las posibilidades de avanzar cara a la recuperación de la soberanía nacional y la construcción de una sociedad superadora de las desigualdades sociales y de género.

En la hora de afrontar esta adversa situación, no podemos subestimar que el futuro del proyecto nacional galego está en una encrucijada que, o bien nos lleva muy cerca del abismo, o bien nos permite alterar la dirección del timón cambiando el rumbo.

La viabilidad de la Revolución Galega dependerá de la posibilidad de invertir las tendencias desnacionalizadoras que de forma acelerada se llevan implementando en todos los ámbitos de nuestra sociedad.

Perdidos los factores objetivos medulares de la nacionalidad galega que básicamente descansan sobre la lengua y la cultura, no es posible ni tiene sentido una Revolución Galega ante la desaparición de la especificidad sobre la que radica el sujeto transformador de nuestra singular formación social Sin nación objetiva, no sólo es difícil, sino que prácticamente imposible, desarrollar los factores subjetivos de la conciencia nacional, sin la cual no se puede construir un proyecto colectivo para un pueblo.

La implosión del BNG, actualmente atrapado en una deriva autonomista de prácticamente inviable retorno, sin que el espacio que tiene representado y sigue representando en el imaginario colectivo de un sector cualitativamente destacado de nuestro pueblo, sea sustituido por el proyecto revolucionario del independentismo de izquierda, sería una catástrofe de incalculables consecuencias.

El vértigo que este escenario provoca entre las fuerzas genuínamente patrióticas y revolucionarias como la que nuestro partido representa, no significa transformación alguna en la línea táctica y estratégica. Todo lo contrario.

Si bien, no podemos depositar en la actual dirección del BNG el futuro de la Nación Galega, tampoco podemos desconsiderar su historia y la actual importancia en la permanencia de la conciencia nacional y en la conservación de sus más destacadas señales de identidad.

Tenemos que confiar primordialmente en las enormes potencialidades de nuestras modestas fuerzas y básicamente en la capacidad de acumulación de energías y voluntades para hacer frente y quebrar la lógica asimilacionista impuesta por el capitalismo español.

Pero, depositar exclusivamente el futuro de la Nación en el éxito –nunca asegurado- de nuestro proyecto sociopolítico sería un disparate infantilista.

Considerando que el actual BNG está esterilizado para desempeñar el papel de herramienta defensiva y constructora de Galiza, también pensamos que sería suicida desear su fracaso sin poder presentar una alternativa para el inmediato presente.

La inconsistencia e insuficiencias de la izquierda independentista en su conjunto, sin excepción, no permite pronosticar que una buena parte de los males que nos acompañan e imposibilitan superar la fragmentación, pasen a corte plazo a ser un pasado superado.

Es así que debemos mantener incólume la estrategia claramente definida de articular un espacio sociopolítico propio en base a una estrategia insurreccional, pero también no contribuir deliberadamente para lanzar piedras contra nuestro tejado.

La doble presión desnacionalizadora a la que está sometida Galiza por el imperialismo español y el capitalismo transnacional exige respeto mutuo entre el conjunto de las fuerzas revolucionarias, progresistas y patrióticas que tenemos la firme determinación de construir una Patria soberana con justicia social

Sin renunciar al combate ideológico, debemos confluir en las luchas comunes sin renunciar a nuestra identidad y estrategias.

Una de las tareas prioritarias de las comunistas es vincular las demandas de empleo, incremento salarial, supresión de la precariedad laboral, defensa de la sanidad y educación públicas a la capacidad de poder decidir colectivamente nuestro futuro. Sin Patria independiente y soberana no podremos construir una genuina sociedad socialista, antesala de la comunista.

Galiza, para sobrevivir y poder construir una sociedad basada en los nuevos valores del Socialismo, tiene que abandonar España y esta Unión Europea de mercaderes. Estos son los dos ejes para poder confluir. Los resultados del 20 de noviembre no van a evitar una explosión de lucha obrera, nacional y popular, van a provocarla. Favorecerán un ciclo de lucha. Es mera cuestión de tiempo.

Galiza, 25 de novembro de 2011

Primeira Linha. Traducción de Boltxe Kolektiboa

 

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