Una política revolucionaria ante los incendios
Los incendios ponen sobre la mesa quién se apropia de la riqueza que existe en un país: si los propietarios privados de los medios de produccion, del suelo y las fábricas, o el conjunto de la clase trabajadora.
Justo un año después de la salida del PP de la Xunta, fruto de su derrota electoral, nos encontramos con una ola incendiaria que dejo miles de hectáreas de bosque calcinadas. Justo después de salir del gobierno de la Xunta, como sucedió tambien, justo antes de entrar en la Xunta, hace 18 años, los incendios se ceban en Galiza.
Desde que comenzó la ola de incendios, la Xunta, el Gobierno, el BNG,..., habla de una trama. El presidente Touriño llega a hablar de "sabotaje" en su discurso institucional. Y visto el descontento de la poblacion, la Plataforma Nunca Máis convoca una manifestacion contra el Terrorismo Incendiario.
Todos apunta a lo mismo, hay intencionalidad política en los incendios. Los métodos utilizados, la táctica "guerrillera" de los focos, la aparición del fuego cerca de las casas, incluso de la del Presidente de la Xunta, o de los aeropuertos de Lavacolla y Peinador, todos sospechan...
Se hacen detenciones de incendiarios, y no se encuentra relación entre ellos. Pero, ¿esperan que haya directrices escritas, donde se de la orden de quemar el monte?. Y, logicamente, no las encuentran, porque, parafraseando a Felipe Gonzalez cuando quiso desmarcarse de los GAL, "ni hubo, ni habrá" pruebas de la relación de la derecha y los incendiarios.
Porque el problema no es judicial ni policial, reducirlo a esto es desviar la atención de la poblacion. La relación es directamente política. Puede que haya o no pruebas directas, pero es evidente que los únicos beneficiarios de los incendios en Galiza tienen ojos y cara, apellidos y nombres: son los especuladores de la madera, los propietarios de tierras en las que a lo largo de años se plantaron eucaliptos para hacer negocio, son los especuladores del suelo donde construir, ahora que en la costa mediterranea no cabe ni un alfiler, son las madereras que la compraran barata en las subastas que siempre se hacen después de los incendios (ENCE, visto que los incendios suben el precio de la madera, acaba de comprar miles de hectáreas de bosque en Asturias).
Estos sectores se apoyan en una estructura política que fue en la que se apoyó el PP a lo largo de 17 años de gobierno, los ayuntamientos, convertidos en los "subvencionadores" de constructores y especuladores. El municipalismo es el refugio del especulador, como lo demuestra Marbella, Sada, Sanxenxo, A Coruña/Paco Vazquez, etc. La interrelación entre el poder en los ayuntamientos y diputaciones y los especuladores del suelo y la madera, es la estructura que favorece que un mechero se convierta en un arma de destrucción masiva.
La denuncia de la trama, por esto, no se puede quedar en las palabras altisonantes: hay que ir a la raíz del problema.
La propiedad privada del suelo y las multinacionales
Si algo dejó claro la ola de incendios son las bases estructurales que la permiten, la propiedad privada del suelo sobre la que se levanta. En Galicia la política forestal de plantación incontrolada de eucaliptos viene de viejo, de los años del franquismo, con el objetivo de convertirla en la reserva forestal del estado, en beneficio de empresas como ENCE o las madereras.
Esta política encontró un caldo de cultivo favorable en el atraso del campo gallego, que desde los años 80 vió como una reconversión acelerada hizo que miles de campesinos y ganaderos lo abandonaran hacia las ciudades, y en la propiedad del suelo, privado en un 90%. Para escapar de la pobreza la política de plantar eucaliptos fue una salida a la que se abonaron muchos: el resultado, el monocultivo que hoy hay en la mayor parte de Galiza.
Las consecuencias en la industria de la madera es exactamente igual que en el caso de la leche. El abandono del campo no trajo una caída de la productividad, sino que por el contrario, se interrelacionó, y cada aumento de la productividad en la ganaderia o la madera, provocaba más abandono del rural por aquellos que no podían seguir el desarrollo del capitalismo en el campo gallego.
La vieja economía de subsistencia, que sólo diera emigración y pobreza, ha sido sustituida por una economía capitalista, por unas relaciones capitalistas en el campo, y hoy solo el 7% del poblacion gallega vive en el rural. Y lo que sirve para la ganadería, enfrentada a unas crisis periódicas de caída del precio de la leche, de sobreproducción relativa (promovida por la politica de la UE de favorecer a los burgueses del campo de los países más poderoso, Francia y Holanda), y en abierta contradicción con las multinacionales del sector, sirve para la madera.
El precio de la madera lleva dos años congelado. Este año los productores negociaron con las empresas del sector bajo los mismos precios por metro cúbico que el año pasado. Si tenemos en cuenta el efecto de la inflación, tienen razón cuando dicen que, en esas condiciones, no les renta tener las explotaciones madereras. Y que hace un capitalista, grande o pequeño, al que ya no le es rentable la explotación de un sector, pues lo cierra, y punto.
Si a ello le añadimos que Galiza esta en el ojo del huracán de la especulación urbanística en el Estado, con planes que hace pocos meses se cuantificaban en la construcción de 600 mil viviendas nuevas en la costa gallega, tenemos todos los ingredientes para la ola incendiaria que arraso ayuntamientos enteros de Galiza.
El chispazo político
La situación de abandono de muchos bosques, por la política del PP de extinción de fuegos, en la que se gastaron 900 millones de euros en subvencionar la creación de brigadas antiincendio dependientes de los caciques de los ayuntamientos, y las necesidades de unos sectores económicos que le vieron rentabilidad a sus inversiones, encontraron el catalizador en la crispación social generada por el PP a largo de estos años contra las pocas medidas "progresivas" de los gobiernos de ZP: las manifestacioneas contra la ley de enseñanza, contra los matrimonios gays, las declaraciones golpistas del general Mena, etc., y dieron el marco político para que los "afectados" por la política de la Xunta salieran a los caminos, a quemar el monte.
Cada uno tenía su "motivo" para quemar el monte, pero todos tienen el mismo objetivo, desestabilizar un gobierno que los desalojó del poder, que les hace perder cuotas de poder, contabilizado en dinero, subvenciones, etc. Los que antes tenían la puerta abierta de las Consellerías y alcaldías, ahora tienen que negociar con los "enemigos", con los nacionalistas.
Y eso es más de lo que pueden soportar. Y el 4 de agosto retomaron el viejo método que provoca mucha alarma social en Galicia, los incendios forestales, pero hoy con una nueva situacion: más de 2 millones de personas viven en zonas periurbanas, lo que hace que un fuego en esas zonas provoque una situación de terror.
Los incendiarios actuaron con los mismos objetivos que cualquier terrorista de derecha, crear crispacion social que lleve a la poblacion a pedir mano dura. De aquí la crítica constante de Rajoy, de que frente a lo que sucedía, "no hay quien mande". Es el viejo recurso de la derecha y el fascismo al miedo en la población, para que vengan los "salvadores de la patria".
Este, y no otro, fue el chispazo político que dio alas a los incendiarios, que los hizo tan audaces y resueltos en sus ataques: sabían que encontrarían en la campaña del PP contra la Xunta un aval para su actuación criminal.
Para el PP el objetivo era aprovechar estos ataques a la población para desprestigiar al gobierno de la Xunta. Y la política errática de la Xunta, que no tuvo el menor eje político, más allá de su obsesión por no aparecer como el PP delante del Prestige, permitió la demagogia del PP, de "aquí no manda nadie".
Las responsabilidades de la Xunta en la crisis
La politica de la Xunta tuvo dos ejes: uno, demostrar que eran como el PP, y para ello hicieron un gran despliegue de medios de información y extinción; dos, hicieron la campaña de que los incendios son provocados y fruto de unas tramas organizadas.
Con la primera callaron parcialmente las críticas del PP, pero no la desconfianza de una poblacion que, a pesar de los medios, no veía mucha eficacia, y sobre todo, las acusaciones de las tramas no eran muy creíbles, pues no se acompañaban de explicaciones políticas. Sólo se afirmaba su existencia, pero no se señalaba quién o quienes estaban realmente detrás de los incendios.
Toda la campaña de medios no generó un apoyo incondicional al gobierno, porque se percibió como eso, como una campaña. El gobierno de la Xunta no se atrevió a hablar claro de las tramas, con pasos adelante y pasos atrás (si Rubalcaba decía una cosa, Touriño matizaba, etc.), y de esta manera dejo en el aire la campaña de los medios. No la hicieron creíble con su política de pactar con el PP, de llamamientos a la "unidad’ de todos, es decir, con los mismos a los que acusaba de estar tras los incendios.
La Xunta no puede ir contra el PP, pues todos defienden los mismos intereses, los de los productores de madera, los de las madereras, los de los constructores. Las peleas entre ellos son sobre quién los defiende mejor.
Las diferencias entre ellos están en dónde pone el centro de su política. Para unos, el centro de la misma es la defensa de la especulación y el caciquismo, y los beneficios de las multinacionales; de ahí su coherencia en la defensa de los intereses de la propiedad privada del suelo. Los otros, quedan a mitad de camino, con una política de defensa de la propiedad privada, pero de las dos propiedades, la de los productores de la madera, y la de las multinacionales. Intentan conciliar lo que es irreconciliable; si el precio de la madera baja, las multinacionales se benefician, por el contrario, si sube el precio, son los productores los que se benefician.
Pero en esta lucha de intereses burgueses, son los trabajadores y las trabajadoras los que pierden, pierden poder adquisitivo, porque el precio de la materia prima depende de la correlación de fuerzas entre los propietarios privados, que luego se transformará en una mercancía para el consumo, pierden puestos de trabajo, pierden calidad de vida, etc. La riqueza generada por los medios de producción, sea el suelo, sea de la produccion lechera o maderera, solo les puede beneficiar si está en sus manos, y no en las manos de los productores privados, sean grandes o pequeños.
Mientras el suelo esté en manos privadas, la Xunta esta incapacitada para hacer otra política forestal y urbanística que no sea la que los burgueses decidan. A ningún propietario privado le podrán obligar a tener en sus tierras castaños o robles; plantará lo que le sea rentable. Lo más que podrá hacer la Xunta será ordenar la limpieza de los bosques, etc.
Mientras el suelo sea privado, el urbanismo estará al servicio de la construcción de viviendas con el objetivo del beneficio privado, y no de la construcciones que resuelva el problema del acceso a viviendas. La Xunta, si no toca la propiedad privada del suelo, no podrá hacer más que ordenamientos de esta especulación, reduciéndola o controlándola; pero no acabando con ella.
Especulacion y capitalismo son lo mismo
Es más, la relación entre la propiedad privada del suelo y las multinacionales madereras o las promotoras inmobiliarias es estructural, es la base de la sociedad capitalista. Los productores de la materia prima necesitan de los que la transforman en bien de consumo, y al contrario. Por eso, todas las promesas de una nueva política forestal y urbanística que no parta de estas premisas son falsas. Por eso, quiera o no, la Xunta no puede hacer otra cosa que continuismo con la del PP, con los cambios cosméticos imprescindibles para responder a la presión de la población.
Una política revolucionaria ante los incendios
Es cierto que los incendios no tienen la misma influencia en la economía gallega que una marea negra (y que no griten desde la burguesía con la campaña de que afecta más a la economía, no es cierto; el PIB gallego, y los puestos de trabajo, dependen más de la estructura marisquera, pesquera y conservera, que de esa selva llamada el "oro verde" que son las plantaciones de eucaliptos. Otra cosa distinta es el efecto social de los incendios, que ponen en peligro directo as vidas de los ciudadanos). Pero lo que también es cierto es que los incendios ponen sobre la mesa quién se apropia de la riqueza que existe en un país: si los propietarios privados de los medios de producción, del suelo y las fábricas, o el conjunto de la clase trabajadora.
A la Xunta del bipartito lo pusieron los trabajadores y trabajadoras para acabar con 17 años del PP, con 17 años de corrupción, mentiras y ataques a los intereses del pueblo trabajador gallego.
Los componentes del bipartito pensaron que el ciclo abierto el 1 de diciembre con Nunca Máis ya se iba a acabar. Y, por lo tanto, el PSdG y la dirección del BNG quieren cerrarlo. Quieren que la combatividad del pueblo trabajador gallego, demostrado a lo largo de los años, se convierta en aval de su política. Intentaron hacerlo con la manifestación del 20 de agosto, pero lo que se vio en ella no fue apoyo, sino confusión.
Toda la claridad del 1 de diciembre se transformó en confusión, generada por la incapacidad del bipartito para hacer otra política que no sea la de los cambios cosméticos, y lo que hace hoy, es continuismo de las políticas del PP. Continuismo en la política urbanística o maderera, más allá de suspensiones temporales de Planes Generales de Ordenación, más allá de la propuesta de limpiar los montes, etc. Y sobre todo, continuismo a la hora de mantener la estructura muncipal de Galiza, que es la que está en la base de la trama incendiaria.
Una política revolucionaria ante los incendios tiene dos ejes centrales: uno, el desmantelamiento abierto, claro y valiente de las estructuras especulativas y caciquieles que hacen de caldo de cultivo a los incendiarios, expropiando ya a los que la promocionan o se benefician de ella, y a los cómplices que con su silencio la favorecen, disolviendo ayuntamientos y diputaciones, exigiendo responsabilidades a los alcaldes que negaron motobombas y acuerdos con la Xunta para formar brigadas, disolviendo el aparato partidario que avala los atentados contra la población, es decir, el PP.
El otro, es atacar las bases del poder de estas tramas económicas y políticas, con una política que no se base en la subvención al propietario, subvención que sale de los bolsillos de todos los trabajadores y trabajadoras que pagan con sus impuestos, sino nacionalizando el suelo para poder hacer planes de reforestación y urbanísticos al servicio de las necesidades de la población trabajadora, y no de las multinacionales.
Con una politica preventiva y de reforestación que se apoye en la creación de miles de puestos de trabajo fijos, dependientes de la Xunta, que dé paso a un bosque gallego basado en las especies autóctonas.
Además, las decisiones urbanísticas no pueden estar en manos de los alcaldes y concejales; sólo una política planificada centralmente, y controlada por los organismos obreros y vecinales, puede romper con la discrecionalidad que hoy tienen los ayuntamientos.
Es evidente que estas medidas no tienen sentido si no se atacan los intereses de los que se benefician de los bajos precios de la madera, de los que llevan años impulsando una política de plantación de eucapliptos, es decir, de las multinacionales como Ence, Tafisa, Finsa, etc. La nacionalización de estas industrias es básico para acabar con las maniobras especulativas en los bosques gallegos.
¿Puede la Xunta hacer una política en este sentido?
El pueblo trabajador gallego es parte, guste o no, de un Estado en el que hay un régimen tan heredado del franquismo como la política forestal del PP, la monarquía, que tiene su raíces en una judicatura, en un ejército, en una iglesia, ..., fuertemente imbricada con los herederos políticos de la dictadura, el PP.
La Xunta sólo podría hacer una politica distinta, si rompiera abierta y claramente con los pactos en la transición, con el aparato de estado franquista, y con sus herederos -los mismos que quieren dar clases de "democratas"-. Quedando a medio camino en todo, sólo se confunde más a la población, que ve como todos, en el fondo, son "iguales". Conclusión promovida desde la derecha y sus órganos de propaganda (la prensa), única beneficiaria de la despolitización de la población.
Quedar a medio camino es acusarles de ser parte de las tramas, y luego llamarles a la "unidad’. Es romper verbalmente con su política forestal, y luego hacer la misma politica del "oro verde". Es hablar de un nuevo ordenamiento, y no tocar la estructura municipal del Estado y Galicia.
Todos sabemos que el PSOE, el partido que tuvo, y tiene dentro al especulador municipalista Paco Vazquez, a los responsables del GAL -hoy liberados- y de las reconversiones industriales de los 80, a Javier Solana, responsable de la política de la UE de aislamiento del pueblo palestino y libanés ante el ataque sionista, etc., no puede ni quiere romper con las politicas del PP.
El BNG podría optar, pero se incapacita por que su dirección tiene el proyecto de convertirse en el representante de una burguesía gallega interesada en el desarrollo del país, entre los que incluye a sectores del actual PP. Pero esta burguesía no existe, es parte del sistema que defiende la propiedad privada del suelo, de la rentabilidad de las empresas, multinacionales o no, y por lo tanto está interesada en la continuidad en la esencia de las políticas neoliberales, tanto forestales como urbanísticas, de sus antecesores. De esta manera el BNG queda atado a la continuidad neoliberal de las politicas de la Xunta, y hace suya la política de negociación y pacto constante con ellos.
Para retomar el camino del cambio abierto el 1 de diciembre, en las huelgas generales, etc., es necesaria la movilización social que luche contra el continuismo en las politicas de la Xunta. Y por ello, es necesario la construcción de una nueva alternativa politica que, sin sectarismos ni oportunismos, reagrupe a las fuerzas, colectivos e individuos con el objetivo de luchar contra el capitalismo y el régimen heredado del franquismo, desde la independencia de la clase trabajadora frente a todos los burgueses, grandes y pequeños.
La construcción de un nuevo proyecto politico se basa en el desarrollo de la movilización de la población trabajadora, partiendo de sus exigencias reales, de sus necesidades, de su conciencia de los problemas, y no a partir de lo que se piensa que es la realidad.
En este sentido, no se puede caer en la crítica fácil de igualar lo que no es igual. Las estructuras heredadas del franquismo que están en la base de las tramas incendiarias, cuyo representante político es el PP, son los responsables directos de los incendios. La Xunta del PSOE y el BNG son los responsables de no enfrentar con coherencia y claridad la actuación de las tramas y la estructura que es su sostén, de confundir a la población con amenazas que no cumplen; de mantener, en fin, la esencia neoliberal de las políticas forestales y urbanísticas.
Y esto es lo que hoy hay que exigirles: si de verdad hablan de cambio en las politicas forestales y urbanísticas, que sea un verdadero cambio de fondo, tomando medidas que vayan en ese sentido. Si no lo hacen, los verdaderos progresistas y gentes de izquierdas que hoy dan su apoyo a la Xunta tienen que romper con ellos, y caminar junto con los que hoy no damos ninguna confianza a este gobierno.
Corrente Vermella/Corriente Roja
La Haine
Versión en galego:
Unha política revolucionaria diante dos incendios







